La levedad del ser

La levedad del ser

martes, 27 de febrero de 2018

EL LOBO ESTEPARIO.Autor: Hermann Hesse. Fragmento.

“El Lobo Estepario”

“¡Ah, es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de este siglo tan contestadizo, tan burgués, tan falto de espiritualidad, a la vista de estas arquitecturas, de estos negocios, de esta política, de estos hombres! ¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan. Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.”

Autor: Hermann Hesse.
Fragmento.

viernes, 23 de febrero de 2018

La gran apuesta en este siglo XXI debe ser la investigación, la educación, la ciencia y la tecnología

Tenía mis reservas respecto al Dr. Facundo Manes, pero últimamente, al leer sus opiniones y sabiendo de sus estudios, estoy plenamente de acuerdo con su teoría.- POR EL HUMANISMO Y EL DESARROLLO SUSTENTABLE HUMANO ( SIN ELLOS LOS OTROS DESARROLLOS NO EXISTEN REALMENTE)
¿Qué es la revolución del conocimiento?
- El mundo se ha transformado. La gran apuesta en este siglo XXI debe ser la investigación, la educación, la ciencia y la tecnología. Muchos países más pobres en recursos naturales que la Argentina se han convertido en naciones fecundas gracias a la inversión en estos pilares. Porque hoy la clave para el crecimiento de un país está en el desarrollo de las ideas, de la creatividad y el conocimiento. El conocimiento, además, fortalece el vínculo entre las personas y, a través de esto, la conformación armónica de su tejido social. La revolución del conocimiento tiene que ver con esto y es la sociedad en su conjunto la que debe reclamar una educación de calidad para todos, en un contexto en el que los niños estén bien nutridos, con un sistema educativo que reconozca el valor prioritario de los docentes y una inversión cada vez mayor en la investigación científica y en el desarrollo tecnológico.

-¿Por qué el conocimiento debe ser la gran apuesta como nación?
- Porque indudablemente la educación es el verdadero pilar de la igualdad de oportunidades y del crecimiento de un país. Es un factor de integración social y de creación de ciudadanía. Hablar de educación es apostar a un crecimiento económico, pero también abarca la mejora de las condiciones sanitarias de la población, al cuidado del medio ambiente, a la igualdad de género, al reconocimiento y cuidado de las personas mayores. Se trata de una evolución sustentable, integral y profundamente humana de la sociedad argentina.

-¿Cuáles son las consecuencias de la pobreza en este contexto?
- El contexto de pobreza condiciona el desarrollo de las personas. Es muy difícil que alguien que no tiene las necesidades básicas satisfechas no esté pensando día y noche en cómo lograr satisfacerlas, enfocarse en lo inmediato, en lo urgente. ¡Eso obviamente no es igualdad de oportunidades en el presente, pero tampoco para el futuro! Lo que debemos entender es que, cuando hablamos de la apuesta por la educación, también implica apostar por reducir los niveles de pobreza del presente y del futuro.

-¿Cómo afectan el hambre y la desnutrición al cerebro?
- Antes que nada quiero decir que un solo chico con hambre en nuestro país representa un imperdonable fracaso como comunidad. ¡Un país que produce alimentos que podrían alimentar a 400 millones de personas no puede tener a nadie que pase hambre! Como dijo el expresidente Raúl Alfonsín en su famoso discurso en la avenida 9 de Julio de Buenos Aires: en nuestro país hay hambre no porque falten alimentos sino porque sobra inmoralidad.
El hambre y la desnutrición provocan un efecto gravísimo en las personas. Diversos estudios han comprobado que la desnutrición tiene un impacto negativo en el desarrollo cerebral, impacta en su maduración. Las carencias nutricionales traen aparejadas deficiencias cognitivas. Por ejemplo, el hierro es uno de los nutrientes más importantes durante el crecimiento de los niños. Su carencia en los primeros años de vida está asociada con desempeños deficitarios en el lenguaje, la motricidad y las áreas socioafectivas. Además, la malnutrición genera también angustia, depresión y estrés. Un niño pequeño que está frecuentemente ligado a situaciones de carencia experimenta una activación persistente del llamado "sistema neuroendócrino" que controla las reacciones al estrés a través de la liberación de hormonas. A causa de ello, pueden aumentar los niveles de cortisol de manera crónica y afectar de manera negativa el desarrollo cerebral dañando neuronas en las áreas asociadas a las emociones y el aprendizaje. Ahora bien, hay un dato que es clave: los problemas que genera la malnutrición no son irreversibles y es por eso que como comunidad debemos revertir esta situación de manera urgente.
"Hay que saber que cuando hablamos de la apuesta por la educación, también implica apostar por reducir los niveles de pobreza del presente y del futuro".
Presidente de la Fundación Ineco para la investigación en neurociencias cognitivas. 
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martes, 20 de febrero de 2018

El cuento de EL REY DESNUDO.ÁNDERSEN(CUÁNTOS REYES DESNUDOS HAY EN ESTE PLANETA)

El cuento del REY DESNUDO…

Seguro que conocéis el célebre cuento de Andersen.

En resumen, nos viene a contar como en un lejano país, su monarca se entera que unos famosísimos sastres están de paso por su reino. Sin perder tiempo, los convoca para que le confeccionen su mejor indumentaria. Los sastres, tras de disfrutar varios días de los beneficios que le brinda la vida en la corte del Rey, le comunican que han terminado su trabajo y anuncian a quien quiera escucharlos que han confeccionado para el Rey el traje invisible más hermoso del mundo, tan hermoso que “sólo los tontos no pueden verlo”. Proceden entonces a quitarle la ropa al Rey y mediante aparatosos ademanes le colocan el nuevo traje invisible. Obviamente, el Rey se ve desnudo, pero no lo reconoce porque no quiere aparecer como un tonto frente a tan famosísimos sastres.
Convoca entonces a sus colaboradores, a quienes les pregunta por la belleza de su traje. Y, éstos, una vez superada la sorpresa de ver al Rey desnudo y enterados de que semejante traje es tan hermoso que “sólo los tontos no pueden verlo”, afirman sin rubor que el traje es el “más hermoso del mundo”, lo que convence definitivamente al Rey y entonces  los sastres continúan su viaje con el suculento pago por su trabajo, dejando al rey y a su corte muy satisfechos y agradecidos. 
El Rey paseaba desnudo por su palacio luciendo su traje invisible, el más hermoso del mundo hasta que un día decidió que su pueblo merecía también disfrutar la hermosura de su traje y salió del palacio para recorrer su reino. Sus súbditos lo ven desnudo, pero por temor a contradecirlo y sabedores de que “sólo los tontos no pueden ver el traje”, nadie dice nada. Hasta que un inocente niño grita: “¡El Rey está desnudo!”
Tal grito pareció remover las conciencias de todos aquellos que presenciaban el desfile, primero con murmullos y luego a voz en grito todos empezaron a chismorrear "el rey va desnudo", ... "el rey va desnudo”. La multitud no pudo contener más la risa. El escándalo era incontenible. cortesanos del rey se dieron pronto cuenta del engaño y es que realmente el rey iba desnudo. Entonces el rey se mira y empieza a correr, de vergüenza no sabia donde meterse, al descubrir la verdad: había sido engañado..

Los sastres ya habían desaparecido. El engaño había surtido efecto.

Esta historia es un cuento que hizo famoso el danés Hans Christian Andersen, allá por 1837 y que llevaba por titulo "El traje nuevo del emperador". Lo que que pocas personas saben es que Andersen se inspiro en la obra de un autor español: El Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio (escrita en 1335) por Don Juan Manuel que la escribió en plena Edad Media, casi 500 años antes. En concreto, en el ejemplo XXXII, que se titula “De lo que sucedió a un rey con los pícaros que hicieron la tela” (De lo que conesçió a un rey con los burladores que fizieron el paño) y que dice así:

Otra vez le dijo el Conde Lucanor a su consejero Patronio:
- Patronio, un hombre me ha propuesto un asunto muy importante, que será muy provechoso para mí; pero me pide que no lo sepa ninguna persona, por mucha confianza que yo tenga en ella, y tanto me encarece el secreto que afirma que puedo perder mi hacienda y mi vida, si se lo descubro a alguien. Como yo sé que por vuestro claro entendimiento ninguno os propondría algo que fuera engaño o burla, os ruego que me digáis vuestra opinión sobre este asunto.
- Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, para que sepáis lo que más os conviene hacer en este negocio, me gustaría contaros lo que sucedió a un rey moro con tres pícaros granujas que llegaron a palacio.
Y el conde le preguntó lo que había pasado.
- Señor conde -dijo Patronio-, tres pícaros fueron a palacio y dijeron al rey que eran excelentes tejedores, y le contaron cómo su mayor habilidad era hacer un paño que sólo podían ver aquellos que eran hijos de quienes todos creían su padre, pero que dicha tela nunca podría ser vista por quienes no fueran hijos de quien pasaba por padre suyo.
»Esto le pareció muy bien al rey, pues por aquel medio sabría quiénes eran hijos verdaderos de sus padres y quiénes no, para, de esta manera, quedarse él con sus bienes, porque los moros no heredan a sus padres si no son verdaderamente sus hijos. Con esta intención, les mandó dar una sala grande para que hiciesen aquella tela.
»Los pícaros pidieron al rey que les mandase encerrar en aquel salón hasta que terminaran su labor y, de esta manera, se vería que no había engaño en cuanto proponían. Esto tambiénagradó mucho al rey, que les dio oro, y plata, y seda, y cuanto fue necesario para tejer la tela. Y después quedaron encerrados en aquel salón.
»Ellos montaron sus telares y simulaban estar muchas horas tejiendo. Pasados varios días, fue uno de ellos a decir al rey que ya habían empezado la tela y que era muy hermosa; tambiénle explicó con qué figuras y labores la estaban haciendo, y le pidió que fuese a verla él solo, sin compañía de ningún consejero. Al rey le agradó mucho todo esto.
»El rey, para hacer la prueba antes en otra persona, envió a un criado suyo, sin pedirle que le dijera la verdad. Cuando el servidor vio a los tejedores y les oyó comentar entre ellos las virtudes de la tela, no se atrevió a decir que no la veía. Y así, cuando volvió a palacio, dijo al rey que la había visto. El rey mandó después a otro servidor, que afamó también haber visto la tela.
»Cuando todos los enviados del rey le aseguraron haber visto el paño, el rey fue a verlo. Entró en la sala y vio a los falsos tejedores hacer como si trabajasen, mientras le decían: «Mirad esta labor. ¿Os place esta historia? Mirad el dibujo y apreciad la variedad de los colores». Y aunque los tres se mostraban de acuerdo en lo que decían, la verdad es que no habían tejido tela alguna. Cuando el rey los vio tejer y decir cómo era la tela, que otros ya habían visto, se tuvo por muerto, pues pensó que él no la veía porque no era hijo del rey, su padre, y por eso no podía ver el paño, y temió que, si lo decía, perdería el reino. Obligado por ese temor, alabó mucho la tela y aprendió muy bien todos los detalles que los tejedores le habían mostrado. Cuando volvió a palacio, comentó a sus cortesanos las excelencias y primores de aquella tela y les explicó los dibujos e historias que había en ella, pero les ocultó todas sus sospechas.
»A los pocos días, y para que viera la tela, el rey envió a su gobernador, al que le había contado las excelencias y maravillas que tenía el paño. Llegó el gobernador y vio a los pícaros tejer y explicar las figuras y labores que tenía la tela, pero, como él no las veía, y recordaba que el rey las había visto, juzgó no ser hijo de quien creía su padre y pensó que, si alguien lo supiese, perdería honra y cargos. Con este temor, alabó mucho la tela, tanto o más que el propio rey.
»Cuando el gobernador le dijo al rey que había visto la tela y le alabó todos sus detalles y excelencias, el monarca se sintió muy desdichado, pues ya no le cabía duda de que no era hijo del rey a quien había sucedido en el trono. Por este motivo, comenzó a alabar la calidad y belleza de la tela y la destreza de aquellos que la habían tejido.
»Al día siguiente envió el rey a su valido, y le ocurrió lo mismo. ¿Qué más os diré? De esta manera, y por temor a la deshonra, fueron engañados el rey y todos sus vasallos, pues ninguno osaba decir que no veía la tela.
»Así siguió este asunto hasta que llegaron las fiestas mayores y pidieron al rey que vistiese aquellos paños para la ocasión. Los tres pícaros trajeron la tela envuelta en una sábana de lino, hicieron como si la desenvolviesen y, después, preguntaron al rey qué clase de vestidura deseaba. El rey les indicó el traje que quería. Ellos le tomaron medidas y, después, hicieron como si cortasen la tela y la estuvieran cosiendo.
»Cuando  el día de la fiesta, los tejedores le trajeron al rey la tela cortada y cosida, haciéndole creer que lo vestían y le alisaban los pliegues. Al terminar, el rey pensó que ya estaba vestido, sin atreverse a decir que él no veía la tela.
»Y vestido de esta forma, es decir, totalmente desnudo, montó a caballo para recorrer la ciudad; por suerte, era verano y el rey no padeció el frío.
»Todas las gentes lo vieron desnudo y, como sabían que el que no viera la tela era por no ser hijo de su padre, creyendo cada uno que, aunque él no la veía, los demás sí, por miedo a perder la honra, permanecieron callados y ninguno se atrevió a descubrir aquel secreto. Pero un negro, palafrenero del rey, que no tenía honra que perder, se acercó al rey y le dijo: «Señor, a mí me da lo mismo que me tengáis por hijo de mi padre o de otro cualquiera, y por eso os digo que o yo soy ciego, o vais desnudo».
»El rey comenzó a insultarlo, diciendo que, como él no era hijo de su padre, no podía ver la tela.
»Al decir esto el negro, otro que lo oyó dijo lo mismo, y así lo fueron diciendo hasta que el rey y todos los demás perdieron el miedo a reconocer que era la verdad; y así comprendieron el engaño que los pícaros les habían hecho. Y cuando fueron a buscarlos, no los encontraron, pues se habían ido con lo que habían estafado al rey gracias a este engaño.
»Así, vos, señor Conde Lucanor, como aquel hombre os pide que ninguna persona de vuestra confianza sepa lo que os propone, estad seguro de que piensa engañaros, pues debéis comprender que no tiene motivos para buscar vuestro provecho, ya que apenas os conoce, mientras que, quienes han vivido con vos, siempre procurarán serviros y favoreceros.
El conde pensó que era un buen consejo, lo siguió y le fue muy bien.
Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo mandó escribir en este libro y compuso estos versos que dicen así:
A quien te aconseja encubrirte de tus amigos,
le es más dulce el engaño que los higos 
o bien, 
Al que te aconseja esconderte de tus amigos,
engañarte le importa menos de dos higos.

En el original: (Quien te conseja encobrir de tus amigos, 
sabe que más te quiere engañar que dos figos)

FIN
Tema: Aunque la verdad, ni que sea proviniendo de personas humildes, acaba triunfando sobre la mentira, es prudente desconfiar de asuntos encubiertos.
Personajes: Los protagonistas están formados por una tríade (los pícaros, el rey sus súbditos, entre los cuales emerge el criado negro).
Estructura: Todos los einxemplos tienen la misma estructura: el joven conde Lucanor plantea un problema, se lo cuenta a su ayo Patronio (una especia de profesor particular) el cual decide explicarle la solución con un ejemplo, a modo de cuento, y una moraleja en dos versos que contiene el resumen del consejo. El Conde Lucanor toma el ejemplo y decide actuar en consecuencia.
Origen y secuelas: Origen árabe. Reelaborado por Cervantes (El retablo de las maravillas), difundido por Gracián (Agudeza y arte del ingenio, XXVII y El criticón, III,4) y vuelto a reelaborar por Andersen (El traje nuevo del emperador)

Con este cuento, el conde Lucanor advierte a Patronio ante el poder y el alto coste de decir la verdad. Ninguno de los cortesanos se atreve a hablar, contaminados ya por la excesiva proximidad del poder, y la rebelión se gesta en lo más vulgar del pueblo llano. 
Una sana oposición a los gobiernos sólo puede realizarse con verdad y sentido común de los gobernados, lo que hoy llamamos sociedad civil. Contra el abuso, el autor no propone la sangre ni la anarquía, sino la constante desconfianza. Claro que esta actitud es costosa y los ciudadanos tienden a pagar la comodidad con su silencio y la ilusión de certeza con su libertad.

jueves, 28 de diciembre de 2017

un viaje por la historia de la literatura.EL CULTURAL


Libros  

Mapas para leer, un viaje por la historia de la literatura

Desde los orígenes de la Humanidad cartografía y literatura comparten una vocación fundamental, la de recrear la realidad. Para destacar esta relación, Nórdica publica el Atlas de Literatura Universal, un recorrido sentimental por 35 obras de todo el planeta a lo largo de más de 3.000 años.


ANDRÉS SEOANE | 28/12/2017 

Mapa para leer el periplo de Neruda
"Los mapas son los ojos de la historia", aseguraba el famoso cartógrafo del siglo XVI Gerardus Mercator. Fue en su época cuando esta ciencia destinada a descifrar y reproducir la realidad comenzó un auge que hoy continúa plenamente vigente. Como señala el escritor y catedrático de Historia Pedro García Martín, los mapas "proliferan actualmente gracias a su polivalencia en el lenguaje, puesto que se habla con soltura de mapas de poder, mapas neuronales, mapas genéticos, mapas del tiempo, y un largo etcétera en el que incluimos los mapas literarios". Desde los orígenes de la literatura, con los relatos orales de los mitos de la creación, esta va unida a la cartografía, convirtiéndose el mapa en un relato y la narración en un espacio geopoético. Y es que ambas disciplinas comparten una vocación fundamental, la de recrear el mundo que describen, la realidad.

Con el empeño de destacar esta relación, García Martín coordina el volumen Atlas de Literatura Universal (Nórdica), un recorrido que abarca todas las épocas y ámbitos culturales a través de 35 obras incontestables que han conformado nuestro imaginario literario a través de los siglos, e incluso los milenios. Con ilustraciones de Agustín Comotto y Tono Cristòfol y textos de profesores, críticos y escritores como Fernando Aramburu, Julio Llamazares, Carlos García Gual, Laura Castro, Luis Alberto de Cuenca, Alberto Manguel, Andrés Barba, Marta Sanz, Ignacio García May, Ignacio Peyró o Mercedes Monmany , este Imago mundi de la literatura universal supone un fresco histórico en cuyo espacio podemos leer el tiempo, un periplo sentimental cuyo objetivo es ponerle rostro al autor, encarnar a sus personajes y habitar sus escenarios, para, alejados ya el escritor y nosotros del ruido del mundo, hacernos la ilusión de viajar en el tiempo y vivir su vida. En definitiva de empaparnos de esa abstracción que propone la literatura, que no deja nunca de ser un viaje.

Mitos fundacionales

Remontándonos a los orígenes de la palabra escrita, el periodo reservado a la Antigüedad recoge dos de las primeras fábulas que alumbró la creación humana, historias que cabalgan entre el mito y la realidad pero en las que, quizá ahí reside su magia, todavía nos es posible reconocernos. Nacido en la frondosa Mesopotamia, cuna de la civilización, El poema de Gilgamesh, un relato épico sobre la constante búsqueda y la esperanza humanas, supone la primera lucha de nuestra especie por escapar de una realidad incomprensible y dotarla de sentido. Por su parte, La historia de Sinhué, perfecto reflejo de la vida en tiempos del Imperio medio egipcio y recipiente de infinidad de mitos posteriores, muchos de ellos bíblicos, narra la historia de un viaje que recoge toda una concepción del mundo y de la vida.

Mapa de la Odisea de Homero
Además de estos oscuros y remotos precedentes, es en la Antigüedad donde se fraguan los primigenios pilares culturales de nuestra civilización occidental, las tradiciones judeocristiana y grecolatina. Junto a la Biblia, texto coral por excelencia integrado por una amplia variedad de formas literarias, destacan los dos textos clásicos más memorables, la épica popular de la Odisea homérica y la épica artística de la propagandística Eneida de Virgilio, no por ello menos grandiosa. Alrededor de 700 años separan una concepción del mundo que fue evolucionando y refinándose hasta acabar fagocitándose a sí misma, pero que constituye una de las grandes bases de lo que somos hoy en día.

Oscuridad y florecimiento

El fin del mundo clásico y la oscuridad que envolvió a Europa trasladó el eje de la tradición literaria mundial hacia otras culturas más florecientes que alcanzaron entonces el apogeo de su esplendor narrativo. Durante la Edad Media, el pujante y joven mundo árabe produjo una de las más exquisitas colecciones de relatos jamás escritas. Bajo el título de Las mil y una nochesconocemos hoy esta amalgama de cuentos que integra las tradiciones de diversas culturas orientales: india, mesopotámica, persa, hebrea, egipcia, árabe..., hiladas mediante la eterna fábula de la bella Sherezade, cuya interminables historias se han vuelto eternas alimentando durante siglos la magia y la fantasía. En pleno corazón de la era Heian, época de esplendor político y cultural sin precedentes en Japón, nació la Historia de Genji, escrita alrededor del siglo X por la cortesana Murasaki Shikibu. Ficción llena de realismo entretejido con poesía, narra la vida de Genji, el príncipe resplandeciente, envuelta en una trama de amor y celos protagonizada por una asombrosa galería de personajes retratados con gran pericia psicológica. Considerada como una obra cumbre de la literatura por escritores como Borges, Octavio Paz o Marguerite Yourcenar, se trata de una historia tan universal que todavía es capaz de conmover el corazón de un lector del siglo XXI.

Mapa de Historia de Genji escrita por la cortesana Murasaki Shikibu
A comienzos del siglo XIV Europa comienza a salir definitivamente de las sombras, en buena parte gracias a su primacía tecnológica y a su dominio incipiente del comercio internacional, patente en otro texto fundacional de amplia repercusión (por ejemplo en Cristóbal Colón), El libro de las maravillas del veneciano Marco Polo. En él, el viajero y comerciante narra una expedición familiar de más de dos décadas hasta los confines del mundo conocido entonces, la actual China, en la que recorrió, incluso como embajador del gran emperador Kublai Kahn, Persia, Afganistán, la India y el Sudeste asiático. Y será en Italia donde la historia europea, también la literaria, alcance una de sus grandes transformaciones que afectaría a todos los órdenes de la vida, el Renacimiento. Cuenta de los grandes cambios de la sociedad darán dos grandes obras maestras de este periodo, ambas nacidas en Florencia, la Divina Comediade Dante Alighieri y el Decamerón de Giovanni Boccaccio, que en su tratamiento de la religión y del individuo sentarán las bases para todo lo que vendrá después.

La Edad Moderna fue un viaje sin retorno destinado a destruir, en todos los órdenes, la mayoría de la herencia recibida y a transformarla para siempre. De esta compleja época de absolutos contrastes en todos los sentidos datan dos de las más grandes historias jamás escritas, cuya universalidad garantiza su pervivencia infinita en la historia de la literatura. Poco más se puede decir tanto del Quijote de Cervantes como del Hamlet de Shakespeare, por lo que viajemos al otro lado del mundo, donde a finales del siglo XVIII también se producían importantes cambios sociales. Tras un largo periodo de estabilidad y prosperidad, el Imperio manchú de China vivió durante el siglo XVIII una época de deterioro muy proclive para una novela como Sueño en el pabellón rojo, de Cao Xueqin, cumbre de la narrativa china. Precedente de la novela decimonónica europea, esta novela esencialmente de amor narra la historia de la decadencia de cuatro familias de funcionarios manchúes siendo asimismo un alegato humanista y feminista contra la moral neoconfuciana que reinaba en la época. Todo ello, vertido en una narración que oscila entre el realismo del declive social y el romanticismo de la pasión de los protagonistas.

Viaje sin retorno

A caballo entre el anticuado y refinado XVIII y una concepción contemporánea del mundo nacida en el XIX se encuentra una pequeña novela que preludió el incipiente Romanticismo, Las penas del joven Werther, de Goethe. La historia del joven hipersensible, que provocó numerosos suicidios y fue un auténtico éxito de ventas, abrió una nueva brecha en la moral de una sociedad que pocos años después iniciaría un camino transformador para el que ya no habría vuelta atrás. Hijo del Romanticismo es el Nacionalismo que dominó en buena medida el siglo XIX hasta precipitarlo en el XX. Una de las muestras más significativas de esta reivindicación de las raíces es el Kalevala, la epopeya nacional finlandesa. La monumental obra de Elias Lönnrot, comparable a muchas mitologías ancestrales, cohesionó al país y permitió al formación de una conciencia nacional clave para alcanzar una independencia inédita en la historia finlandesa. También como conformadoras de una incipiente identidad nacional aparecen dos obras de los crecientes y prósperos Estados Unidos, la novela Moby Dick, de Herman Melville, la historia marítima más célebre, y el poemario Hojas de hierba, de Walt Whitman, el centro del canon poético norteamericano que en su día fue una obra rompedora.

Mapa de la historia de Moby Dick de Herman Melville
La efervescencia del siglo arroja ya diversas vías narrativas que produjeron grandes obras maestras. En Guerra y paz, el ruso León Tolstoi se vale de una monumental cortina histórica para, además de describir los prolegómenos y antecedentes del siglo, dar por primera vez voz al pueblo, entendido este no como una entidad abstracta al estilo comunista, sino como una suma de personalidades brillantes. La industrialización y la economía es el eje de la pieza teatral Casa de muñecas, del noruego Henrik Ibsen, que narra las profundas transformaciones sociales propiciadas por el desaforado crecimiento de la ciudad de Kristiania, hoy Oslo. El ya consolidado colonialismo europeo ofrece amplias lecturas en obras como El hombre que pudo reinar, de Rudyard Kipling, imposible amante a un tiempo del opresor Imperio británico y de la oprimida India, o en La línea de la sombra, de Joseph Conrad, célebre por la profunda y estremecedora El corazón de las tinieblas. Y absolutamente célebres, y de clara vocación popular, son dos maestros pioneros de sendos géneros: de la ciencia ficción y los viajes, Julio Verne, que desgranó todo un mundo interior y profético en sus Viajes extraordinarios; y de la novela policiaca o detectivesca, Arthur Conan Doyle, gran amante de la novela histórica, pero cuyo Sherlock Holmes, que llegaría a aborrecer, se convirtió en el prototipo de detective además de en un gran observador de la sociedad victoriana.

Historias para entender lo que somos

Si el siglo XIX ya es complejo de amalgamar a nivel literario, la complejidad del siglo XX a este respecto es absoluto reflejo de lo que fue el propio siglo, el de las grandes revoluciones a todos los niveles, desde la destrucción del mundo anterior con las dos guerras mundiales y el de la globalización y la uniformización, si bien precaria, de todo el planeta. Todavía con mucho del siglo pasado, despunta en Suecia en 1907 El maravilloso viaje de Nils Holgersson, de Selma Lagerlöf, una fascinante novela de aprendizaje todavía llena de alegatos en favor de una naturaleza que cedía inexorablemente al empuje del progreso. Plenas de vanguardia literaria, que atenazaba implacablemente a todas las artes europeas, deben destacarse tres obras capitales del siglo XX, referencia obligada para todo lo que vino después: En busca del tiempo perdido, de Proust, La metamorfosis, de Kafka, y el Ulises, de Joyce, aunque también podría acoger esta terna el Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. Y, sin salir de Europa, merece ser nombrada una novela fundamental para entender lo que fue la Primera Guerra Mundial y el fin del viejo mundo: Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, del checo Jaroslav Hasek.

Mapa de los avatares de El Quijote
Pero, como decíamos, el siglo XX devuelve su importancia a las literaturas extraeuropeas, ajenas a Occidente, o de lo que solemos llamar el Tercer Mundo. Algunas de las mejores obras de la literatura contemporánea en castellano vienen de Latinoamérica, como la obra en verso de Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, o la novela Cien años de soledad, con la que Gabriel García Márquez dio origen al boom literario del subcontinente. También encuentran aquí hueco El Aleph, del sabio Borges, quizá el mejor cuentista del siglo, o los relatos recogidos en Gran Sertón: Veredas, del cosmopolita brasileño João Guimarães Rosa. También la Ladera este del "viajero del siglo", Octavio Paz, incapaz ya él, con plena consciencia y lucidez, de huir de los grandes disturbios políticos y sociales que azotaron el pasado siglo. Problemas que fueron determinantes en un continente como África, donde la descolonización narrada magistralmente por el nigeriano Wole Soyyinka en El león y la joya no fue la panacea prometida, como demuestra el viaje al corazón del horror que narra la sudafricana Nadine Gordimer en La hija de Burger.

Con esta novela publicada a finales de los años setenta, pone fin este recorrido cartográfico por más de 3.000 años de historia de la literatura, una experiencia excitante, en palabras de García Martín, "no tanto por la poco más de treintena de títulos que hemos conseguido incluir, sino por todo aquello que hemos debido excluir". 

viernes, 15 de diciembre de 2017

“El crimen fue en Granada”, de Antonio Machado

“El crimen fue en Granada”, de Antonio Machado

 
 
 
 
 
 
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Autor: Raúl Molina
A Federico García Lorca
I
EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—.
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!…
II
EL POETA Y LA MUERTE
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque, yunque y yunque de las fraguas—.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el eco de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
III
Se les vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
La Guerra Civil es el gran lunar del siglo XX en España. Por sus consecuencias, por la sangre que se derramó, por quienes tuvieron que cruzar fronteras, por todas las historias truncadas…
El escritor
La de Antonio Machado fue una de ellas: perseguido por el ejércitoAntonio Machado Nacional, huyó junto a su anciana madre desde Rocafort (Valencia) hacia la frontera con Francia siguiendo los embarrados y peligrosos caminos del litoral valenciano en un invierno frío y gris. Junto a miles de españoles, entre quienes se encontraba el también poeta Carles Riba, el novelista Corpus Barga o el filólogo Tomás Navarro Tomás. En la aduana Corpus Barga interfiere. Consiguen superarla y llegar a Cerbère durante la noche del 27 de enero de 1939, apenas tres meses antes del fin de la Guerra. La mañana siguiente marchan a Collioure. Allí muere el 22 de febrero. Desfigurado. Consumido. Decepcionado. Triste. En un país desconocido donde todavía descansa. Tres días después fallece su madre. Un verso fue encontrado en un bolsillo de la chaqueta de don Antonio: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Un poema inacabado en medio de las ruinas de un mundo que se agrieta; de un mundo que ya no es mundo.
El objeto del poema
FedericoLa de Federico García Lorca fue otra de las historias truncadas. En 1936, cuatro días antes de la sublevación militar, Lorca vuelve a su Granada natal. El día 20 de julio, la ciudad ya era falangista y no pocos le recomendaron que huyera. Más si cabe tras el fusilamiento del alcalde, cuñado del poeta. Buscó refugio en casa del también escritor Luis Rosales, de familia falangista. Sin embargo, el 16 de agosto es detenido. La sombra de la traición siempre ha sobrevolado la figura de Rosales y la de sus familiares, cercanos amigos de Lorca, sin embargo, el autor de La casa encendidanegaría hasta el último día de su vida esta versión. Federico, dice, era mi amigo, alguien lo traicionó, pero no fui yo. Los falangistas acusaban a Lorca de ser espía de los rusos, de estar en contacto con estos, de haber sido secretario de Fernando de los Ríos (Ministro durante la República) y de ser homosexual. Durante la madrugada del 18 de agosto entran a la celda en la que estaba preso, lo insultan, lo amenazan, lo golpean, le tapan la cara y lo suben a un vehículo. Se detienen en el camino de Víznar, frente a un huerto de olivos, paradójica y dantescamente similar a aquellos a los que tantas veces cantó en sus poemas. Allí lo fusilan, junto al maestro Dióscoro Galindo y a los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Sus cuerpos descansan todavía en una fosa común anónima en un paraje de Fuente Grande, entre Víznar y Alfacar. Uno de tantos cuerpos más entre cunetas. Así tratamos la memoria, así la cultura. Una cuestión que escuché de Ian Gibson al hilo de un debate muy candente durante años en la prensa española: ¿Cómo hablar de memoria histórica en un país que es incapaz de arrojar luz sobre un crimen de lesa humanidad y recuperar los restos del mejor de sus poetas contemporáneos?
El poema
No se entretiene Machado en grandilocuencias. El poema es sencillo. Directo. Sentido. Describe la inhumana imagen del camino hacia el paredón: “Se le vio caminando entre fusiles, / por una calle larga, / salir al campo frío, / aún con estrellas de la madrugada”. Quienes sostienen los fusiles, quizás sabedores de que van a acabar con las letras españolas de un solo plumazo, no lo miran a la cara: “Todos cerraron los ojos; / rezaron: ¡ni Dios te salva!”. Y Federico muere: “sangre en la frente y plomo en las entrañas”. Ya no habrá más casas de Bernarda Alba, más poetas en Nueva York, más romancero gitanos o yermas. No, ya no más vida: “Que fue en Granada el crimen / sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…”.
Ahora, camina con la muerte. Imagen medieval, sin duda. Poética y negra. Lorca, le habla a la muerte e intenta amilanarla: “Ya el sol en torre y torre; los martillos / en yunque –yunque y yunque de las fraguas”. Intenta ser la voz del poeta: “Porque ayer en mi verso, compañera, / sonaba el golpe de tus secas palmas, / y diste el hielo a mi cantar, y el filo / a mi tragedia de tu hoz de plata”. Son imágenes lorquianas. Perfectamente posibles en alguno de sus versos más conocidos: “te cantaré la carne que no tienes, / los ojos que te faltan, / tus cabellos que el viento sacudía, / los rojos labios donde te besaban…”. Sí, suena a Federico. Pero es oscuro. El poeta ya no puede cantar: “Ella sigue en su baranda, / verde carne, pelo verde, / soñando en la mar amarga”. Su verso ya no cabalga, como este del Romance Sonámbulo, intenta hacerlo pero hay algo que se lo impide: “Hoy como ayer, gitana, muerte mía / qué bien contigo a solas”. Y resuena el Romancero: “¡Oh ciudad de los gitanos!/ ¿Quién te vió y no te recuerda? / ciudad de dolor y almizcle, / con las torres de canela”. Anda, sigue andando el poeta junto a la muerte. Inseparables “por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”.Monumento
Vuelve la voz a Machado. Que reclama la memoria que todavía a Federico, casi ochenta años después, no se le ha concedido: “Labrad, amigos / de piedra y sueño, en el Alhambra, / un túmulo al poeta / sobre una fuente donde llore el agua”. Nadie se ha molestado en labrar: no corre el agua, no hay túmulos, ni tumbas, ni fuentes, ni sueños, ni siquiera una fría placa de metal que recuerde que “el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”.
P.D. 1: “El crimen fue en Granada”, interpretado por Rosi Cervantes