La levedad del ser

La levedad del ser

miércoles, 10 de octubre de 2018

Leonardo Padura, premio de novela histórica Barcino

Leonardo Padura, premio de novela histórica Barcino

El jurado destaca que sus novelas están escritas “con recursos del género negro que se convierten en relatos existenciales y sociales”

El escritor Leonardo Padura.
El escritor Leonardo Padura. KIKE PARA
El maestro cubano de la novela negra, Leonardo Padura, ha sido reconocido con la sexta edición del Premio Internacional de Novela Histórica Barcino que promueve el Ayuntamiento de Barcelona. El jurado ha decidido concederle el premio al escritor por escribir “novelas escritas con los recursos del género negro que se convierten en relatos existenciales, sociales y, naturalmente, históricos”, señala el veredicto de los miembros del jurado, entre los que se encuentran el periodista Òscar López, la novelista Care Santos, el periodista cultural Sergi Doria, el escritor Enric Calpena y el comisario de Barcelona Novel·la Històrica, Fèlix Riera.
El jurado también reconoce a las obras de Padura que: “De la misma manera que aprendimos a conocer la Transición Española con Pepe Carvalho y buena parte de la historia de los Estados Unidos del siglo XX con Harry Conejo Angstrom de John Updike, la mejor manera de pasear por la Cuba revolucionaria es en compañía del gran Mario Conde”, añade.
Nacido en Mantilla (en el territorio de la provincia de La Habana), el escritor estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de la Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista. Su primera novela fue Fiebre de caballos, una historia de amorque escribió entre 1983 y 1984. Luego comenzó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde. Según explica el propio escritor: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázque montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias".
Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos. Las novelas con este teniente han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor en la citada entrevista, refleja las "vicisitudes materiales y espirituales" que ha tenido que vivir su generación. "No es que sea mi alter ego, pero sí ha sido la manera que yo he tenido de interpretar y reflejar la realidad cubana", confiesa.
Entre los últimos reconocimientos que ha recibido Padura están el Premio Nacional de Literatura de cuba, en 2012, La Orden de las Artes y las Letras de Francia, en 2013 y, sobre todo, el Premio Princesa de Asturias de las Letras, en 2015.
El premio, que antes han recibido escritores de la talla como Lindsey Davis, Santiago Posteguillo, Simon Scarrow, Christian Jacp y Arturo Pérez-Reverte, se entregará el 8 de noviembre en el marco del festival Barcelona Novela Histórica que organiza el Icub de Barcelona entre el 5 y 10 de ese mes.

sábado, 15 de septiembre de 2018

SAYHUEQUE, REY DEL PAÍS DE LOS MANZANOS

SAYHUEQUE, REY DEL PAÍS DE LOS MANZANOS





Baluarte de las razas originarias de estas tierras, previo a la colonización española primero y la militar después, Valentín Sayhueque se erige en el recuerdo como un símbolo de su raza.
Definido como el “último cacique manzanero” y jerarca absoluto de los huilliches (gente del sur) habitó junto a sus tribus del sur de la provincia del Neuquén y el norte de Río Negro a mediados del siglo XVIII.
Pero estos rasgos que lo emparentan e igualan con otros caciques cuyos nombres trascendieron a su tiempo como Calfucurá, Manuel Namuncurá, Pincén o tantos otros, Sayhueque puede diferenciarse también por la visión estratégica y política que tuvo cuando el “huinca” (hombre blanco) asomó en sus feudos primitivos para quedarse en las denominadas Campañas del Desierto.
Sayhueque intentó, con sus medios y limitaciones, aparearse con los blancos pero las intenciones no van siempre de la mano de la realidad y terminó combatiendo.
A pesar de la intención de negociar con los españoles, él y su gente, no sólo fueron despojados de sus tierras del valle, sino que fueron humillados para terminar en Chubut, en un frío pueblo que nada tenía que ver con sus otroras verdes dominios.
Nació, aproximadamente, en 1830 cuando Juan Manuel de Rosas ya presentaba su proyecto de lucha contra los aborígenes a la Legislatura de la provincia de Buenos Aires. La idea de Rosas era avanzar hacia el sur del río Colorado y remontar el río Negro, es decir ingresar y dominar la Nación Mapuche.
El cacique nace en libertad, pero en un momento en que los colonizadores que gobernaban, o gran parte de ellos, no querían la integración de los originarios sino su exterminio, en nombre del avance de las fronteras y la civilización.
Sin embargo el cacique Chocorí, padre de Sayhueque, fue el primero en resistir esta invasión violenta.
Cuando las tropas de Rosas superaron el Sauce Chico, cerca de Bahía Blanca, y comenzaron la persecución del cacique, éste se refugió cerca del río Colorado llevando al pequeño Valentín en sus brazos.
A Chocorí lo mató el Coronel Sosa, en 1833, durante esa campaña.
En su juventud Sayhueque subió y bajó por las tierras que habían sido del dominio de su padre y comenzó a afianzar su poder. Tehuelches, araucanos, manzaneros, pampas, mapuches, todos reconocían su autoridad.
Ni Sayhueque ni su gente, realizaban malones contra los huincas, y además el cacique se consideraba argentino y elevaba el estandarte para diferenciarse de Chile.
Lo visitaron George Chaworth Muster, Foyel y Moreno. Le brindaron comprensión y respeto, pero a la vez llevaron al mundo del hombre blanco la visión de esa tierra de ríos, manzanas y piñones, hielos y lagos. Transmitieron la inconmensurable belleza del sur y marcaron caminos e informaron. Estos relatos despertaron el interés de comerciantes, gobernantes, terratenientes.
La lucha armada contra el indio tomaba forma y sentido.
Hasta poco antes de la “Campaña de Nahuel Huapi” –en 1881-, la población del país de las Manzanas era de unas 30.000 personas. Cuando se produjo el inesperado ataque comandado por el coronel Conrado Villegas, el cacique manzanero, que no había creído que pudiese ser atacado por el ejército argentino -de quien se consideraba aliado-, fue forzado a huir al sur con los demás caciques -Foyel e Inacayal-, abandonando tierra y animales.
Valentín Sayhueque, quien había sido nombrado por el entonces presidente Julio Argentino Roca como “Gobernador del País de las Manzanas, y su gente luego de varios años de resistencia errante por el sur de Río Negro y Chubut, diezmados por combates, hambre y frío, terminaron entregándose el 1º de enero de 1885 en el fuerte Junín de los Andes con 700 “lanzas” (guerreros) y 2.500 de “chusma” (viejos, mujeres y niños).
Conducidos a pie hasta Carmen de Patagones, fueron embarcados hacia Buenos Aires donde los caciques quedaron detenidos en El Retiro. Los hombres jóvenes fueron enviados a servir en las goletas de la marina de guerra o a Tucumán para levantar zafras. Las mujeres y los niños, separados de sus madres, fueron entregados a familias “de bien” seleccionadas por la Sociedad Nacional de Beneficencia, destinados para “servir”, ellas, o para ser “criados”, ellos.
Con las comunidades indígenas confinadas o desintegradas, sus territorios fueron vertiginosamente ocupados por nuevos propietarios.
Según Jacinto Oddone, las leyes dictadas con posterioridad a la “Conquista del desierto” enajenaron más de 34 millones de hectáreas, donde 24 personas recibieron parcelas superiores a las 200 mil hectáreas.
Los hijos de la tierra ingresaron, entonces, al túnel de la desintegración cultural.
A Sayhueque lo alojaron en Retiro donde pasó a ser, junto a su gente, un objeto de observación, precisamente en las fiestas de Carnaval. Los diarios de la época se hicieron eco de los sucesos. Lo fotografiaron, lo entrevistaron y lo vistieron de compadrito.
Se entrevistó con Moreno, con el Ministro de Guerra, con el Arzobispo, con el Presidente Roca. Pedía tierras para su gente. Un lugar para vivir en paz, un lugar para la dignidad.
El 1 de abril lo embarcan para la Patagonia, quedando en Buenos Aires, presos, los capitanes fieles, su hijo, su familia.
Lo llevan a Chichinales, cerca de la actual Villa Regina, donde estaba parte de su gente. Este es un destino transitorio, a la espera de las tierras prometidas, pero pasan así más de diez años.
En 1896 Sayhueque y su gente se acercan a las tierras asignadas. Son las lomas de unas sierras pedregosas, en Chubut, lejos de sus ríos y sus verdes.
Cuando se establecieron en el valle de Genua, ya la vida del cacique se apagaba.
Murió el 8 de septiembre de 1903 luego de que un ataque al corazón lo derrumbara durante una ceremonia ritual en Chubut. Lo asistió el salesiano Lino Carvajal, quien telegrafió la novedad al presidente Roca.

Fuente: http://revistahuilliches.blogspot.com/2008/08/sayhueque-el-ltimo-cacique-del-valle.html



sábado, 8 de septiembre de 2018

Chéjov es real que es lo más difícil, Josep Pla por calledelorco







Chéjov es real que es lo más difícil, Josep Pla

por calledelorco
Lo que me impresionó desde el principio fue la simplicidad de su escritura, el cuidado exacto de los detalles, el fabuloso interés por la cotidianidad de la gente -exactamente, de la gente modesta, pobre, gris, misteriosa (sin misterio apreciable), aduladora, envidiosa, que nace, vive y muere. Su escritura es tan normal, tan cercana a las pequeñas cosas de la vida que a mí me parece que el escritor ruso ha contribuido como nadie a la destrucción del barroquismo literario y que esto lo ha hecho de una forma casi inconsciente y por razones de honorabilidad personal, es decir, por un afán de autenticidad y de verdad que se le han impuesto personalmente. La dirección de la literatura no es otra, en cualquier país, que ésta. Chéjov adora la literatura del conde Tolstói, como es perfectamente natural. Consideraba a Dostoievski un autor pretencioso, escasamente objetivo y de relativa humanidad. La descripción que hace de los rusos y de la Rusia de su tiempo no se puede comparar con nada de lo que se escribió en los diferentes países de la Europa de entonces. En este aspecto no creo que haya precedentes: el alcoholismo, la superstición, el convencionalismo, la ignorancia, la sensualidad, el aburrimiento, el tedio, la manía de hablar, de filosofar, la pasión de la labia inseparablemente unida a la incapacidad para la acción, a la gandulería, a la inutilidad de la cultura, al patrimonio ficticio, a la ineluctabilidad del clima, al criticismo ciudadano, a la sucesión de los éxitos y los fracasos. A la nada absoluta y total. Chéjov es el notario vastísimo de la Rusia de su tiempo. Fabuloso escritor, de un gusto exquisito, de una expresividad eficaz, cultísimo, sencillo, simple, real, que es lo más difícil.
Josep Pla
Diccionario Pla de literatura
Foto: Antón Chéjov

sábado, 11 de agosto de 2018

Paul-Michel Foucault-FRASES



Paul-Michel Foucault (1926-1984) fue un psicólogo, filósofo, teórico social e historiador de las ideas francés. Nacido en una familia de médicos e influido por la obra de Friederich Nietzsche, sus estudios críticos sobre las instituciones sociales, con especial hincapié en la psiquiatría, la medicina y las ciencias humanas, así como el sistema de prisiones y la sexualidad humana, son sus campos más conocidos.
Fue partícipe junto con los estudiantes en las protestas y manifestaciones de mayo del 68, siendo el eje absoluto de su filosofía el hombre, en todas sus dimensiones. En los 70 fue fue profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento, teniendo a Nietzsche y a Martin Heidegger como principales influencias.
A lo largo de su vida nos dejaría obras tan interesantes como “Locura y civilización”, “Las palabras y las cosas”, “Vigilar y castigar” o “Arqueología del saber”.
Murió de una enfermedad relacionada con el SIDA en París el 25 de junio de 1984, siendo la primera personalidad destacada de Francia a la que se le diagnosticó esta enfermedad.
Os dejamos con algunas de sus citas más célebres:
“No me pregunten quién soy, ni me piden que siga siendo el mismo”.
“La más desarmada ternura, así como el más sangriento de los poderes, necesitan la confesión”.
“El saber es el único espacio de libertad del ser”.
“El lenguaje es, como saben, el murmullo de todo lo que se pronuncia, y es al mismo tiempo ese sistema transparente que hace que, cuando hablamos, se nos comprenda; en pocas palabras, el lenguaje es a la vez todo el hecho de las hablas acumuladas en la historia y además el sistema mismo de la lengua”.
“El hombre y la vanidad mueven el mundo”.
“La locura no se puede encontrar en estado salvaje. La locura no existe sino en una sociedad, ella no existe por fuera de las formas de la sensibilidad que la aíslan y de las formas de repulsión que la excluyen o la capturan”.
“Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación bien específicas que tienen su configuración propia y su relativa autonomía”.
“El hombre es una invención cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento”.
“¿Qué es lo que hace que la literatura sea literatura? ¿Qué es lo que hace que el lenguaje que está escrito ahí sobre un libro sea literatura? Es esa especie de ritual previo que traza en las palabras su espacio de consagración. Por consiguiente, desde que la página en blanco comienza a rellenarse, desde que las palabras comienzan a transcribirse en esta superficie que es todavía virgen, es ese momento cada palabra es en cierto modo absolutamente decepcionante en relación con la literatura, porque no hay ninguna palabra que pertenezca por esencia, por derecho de naturaleza a la literatura”.
“Todo el pensamiento moderno es permeado por la idea de pensar lo imposible”.P

martes, 31 de julio de 2018

Es más difícil eludir la verdad fingiendo ser otro, Akira Kurosawa

Es más difícil eludir la verdad fingiendo ser otro, Akira Kurosawa

Con Rashomon me vi obligado a descubrir otro desafortunado aspecto de la personalidad humana. Esto ocurrió cuando Rashomon fue televisado por primera vez hace unos años. La retransmisión iba acompañada de una entrevista con el presidente de Daiei. No pude dar crédito a lo que oí.
Este hombre , después de haber mostrado tanto disgusto por el proyecto al principio de la producción, después de quejarse una vez acabada la película de que era “incomprensible”, y después de degradar al ejecutivo de la compañía y al productor por habernos dado facilitades, ¡estaba ahora dando orgullosamente una explicación completa y exclusivista de su éxito! Elogió cómo por primera vez en la historia del cine se había dirigido una cámara directamente al sol. Ni una sola vez en todo el discurso citó mi nombre, ni el del cámara que lo había conseguido, Miyagawa Kazuo.
Al escuchar la entrevista tuve la sensación de volver a Rashomon nuevamente. Fue como si las patéticas ilusiones del ego, todos esos fallos humanos que yo había intentado retratar en la película, fuesen mostradas en la vida real. La verdad es que tenemos una dificultad inmensa en hablar de nosotros mismos tal y como somos.
Me hizo recordar una vez más que el animal humano sufre del instinto del engrandecimiento.
Pero no estoy en posición de criticar a ese presidente de la compañía. He llegado hasta aquí con esta especie de autobiografía, pero yo dudo que haya sido capaz de lograr una completa sinceridad en la descripción que de mí he hecho en estas páginas. Supongo que he dejado de lado mis características más abominables, y más o menos he embellecido el resto. En cualquier caso, me siento incapaz de seguir poniendo bolígrafo y papel de buena fe. Rashomon fue mi puerta de entrada al mundo del cine internacional, pero como autobiógrafo me es imposible atravesar la puerta de Rashomon y continuar al resto de mi vida. Quizá algún día pueda hacerlo.
Debo finalizar aquí. Yo hago películas; las películas son mi médium real. Creo que para saber lo que me ocurrió después de Rashomon, el procedimiento más razonable sería buscarme en los personajes de las películas que hice después. El ser humano es incapaz de hablar de sí mismo con total honestidad, pero es mucho más difícil eludir la verdad fingiendo ser otro. A menudo con esta postura se revela mucho sobre uno mismo de una manera muy directa. Yo estoy seguro de que así lo he hecho. No hay nada que diga más sobre un creador que el propio trabajo que realiza.
Akira Kurosawa
Autobiografía
Película: Rashomon
Akira Kurosawa

lunes, 9 de julio de 2018

La única experiencia que no describiré nunca, Virginia Woolf

La única experiencia que no describiré nunca, Virginia Woolf

por calledelorco
Una de las cosas que más me impresionó en la adolescencia, cuando leía de todo, continuamente, ávidamente, pero ya con un cierto sesgo especulativo, con una atención que precisamente especulaba acerca de cómo estaban escritas las cosas, acerca de cómo los sentimientos, pensamientos e imágenes permanecían para siempre en la red de la escritura; una de las cosas que más me impresionó fue un breve capítulo de Virginia Woolf publicado en el Almanaco della Medusa de 1934: Sobre las cartas de Lord Chesterfield a su hijo. Yo no sabía nada de Lord Chesterfield, de las cartas que éste había escrito a su hijo Felipe; todavía no me había topado con los libros de la Woolf que ya habían sido publicados en Italia. Leí el ensayo como un relato. Y me pareció bellísimo, como sigue pareciéndomelo cuando lo releo. Más tarde, leí los dos libros de Virginia Woolf publicados en la colección de la Medusa, Orlando y Flush, y precisamente en 1941, mientras los diarios y los documentales cinematográficos ofrecían continuadamente imágenes de Inglaterra bombardeada y a partir de la destrucción de Coventry se acuñaba el horrendo neologismo de coventrizar, leí y releí Al faro, incomparablemente traducido por Giulia Celenza. Reaccionaba a la brutalidad de los acontecimientos, y a la repugnancia que sólo podía expresar en un círculo restringido y de confianza, refugiándome en la trama sutil y frágil de aquel libro. Era como un homenaje a la Inglaterra coventrizada. Sólo acabada la guerra supe que en aquel 1941 Virginia Woolf había abandonado la vida con meticulosa discreción. No había resistido a la guerra que desde el cielo se abatía cotidianamente sobre la isla, al miedo de la invasión alemana, a la preparación de la batalla desesperada y definitiva que se preveía. Nunca el futuro de tantos ha estado confiado a tan pocos, decía Churchill a los pilotos de la RAF. Pero Virginia Woolf no se había sentido con ánimo para asistir a esa lucha desigual, no tenía confianza en la resistencia y victoria de tan pocos. Estaba, más bien, a favor de la no resistencia. Para una sensibilidad como la suya era demasiado: no sólo la guerra, los bombardeos, las casas destruidas, el inminente desembarco de los alemanes; sino también la voluntad de resistir, el patriotismo, los prófugos, el propio Churchill. Los alemanes la aterrorizaban; pero hay que creer que también le inspiraba un cierto miedo Churchill, con su dureza, su tenacidad, su firme voluntad de resistir y vencer. El 26 de enero, en una de las escasas notas del diario de 1941, escribía: "Hay una pausa, un alivio en la guerra. Seis noches sin incursiones. Pero Garvin dice que la batalla más grande está por llegar, digamos dentro de tres semanas, y cada hombre, mujer, perro, gato, incluso parásito, debe empuñar las armas, la fe y demás cosas. Esta es la hora fría: antes de que surjan las luces. Algunas campanillas blancas en el jardín. Sí, pensaba: vivimos sin futuro. Y esto es lo extraño: con las narices aplastadas contra una puerta cerrada." La retórica de empuñar las armas y la fe la anonadaba tanco como el miedo a la invasión alemana. En igual medida, la debilidad y la fuerza de Inglaterra, la debilidad de las armas y la fuerza de la voluntad, la alejaban y distanciaban de todo.
La mañana del 28 de marzo de 1941, una de aquellas mañanas tersas y frías del campo inglés que ella había descrito tantas veces hasta en sus más imperceptibles matices y vibraciones, Virginia Woolf, después de haber escrito tres cartas, salió de casa silenciosamente. Cruzó los prados, llegó al río. Abandonó el bastón de paseo sobre la orilla, se metió en el bolsillo un gran piedra y bajó a las aguas para enfrentarse a lo que ella llamaba "la única experiencia que no describiré nunca".
Leonardo Sciascia
Negro sobre negro
***
El lector de las Charlas de sobremesa en algún momento habrá de reflexionar que, si bien por comparación con Coleridge ha de considerarse sordo y ciego, además de mudo, estas limitaciones, estando el mundo como está en la actualidad, le han protegido de manera que la mayor parte de su trabajo se haya realizado en refugio seguro, pues ¿cómo podría producir nada un hombre dotado de los dones de Coleridge? Sus exigencias son mucho mayores que las que se pueden satisfacer con los recursos espirituales de su tiempo. Perpetuamente se ve detenido y devuelto al origen; la vida es demasiado corta; las ideas demasiadas, la oposición es demasiado grande. Si Coleridge oía música, deseaba pasar horas y horas escuchando a Mozart y a Purcell; si le gustaba un cuadro, entraba en trance mientras lo contemplaba; si presenciaba una puesta de sol, casi quedaba sin conocimiento debido al embeleso que le producía. Nuestra sociedad no hace provisión por estas apariciones. El único curso de acción que puede tomar alguien así es el que adoptó a la larga Coleridge: hundirse en el domicilio de un hospitalario Gillman y pasar allí el resto de su vida sentado, conversando. Dicho de manera mucho mejor, "¡mi querido amigo! ¡No se avergüence nunca de urdir planes! No puede usted pensar que haya de vivir menos de 4000 años, y con eso debiera bastar para el cumplimiento de sus planes actuales. Es seguro que, si siguen en la misma proporción de cumplimiento, surgirán pequeñas dificultades, pero no se arredre. ¡Mire siempre el lado bueno de las cosas, muera mientras sueña!".
Virginia Woolf
Colerigde, el crítico
Horas en la biblioteca
Foto: Virginia Woolf
calledelorco | julio 9, 2018 en 3:14 pm | Categorías: Fotografía, Literatura | URL: https://wp.me/p1OuLw-Pn
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